domingo, 15 de enero de 2012

Viejos Diarios


Hola. ¡Tenía mcuhísimo tiempo sin escribir acá... Porque bueno, he estado mut ocupada viviendo, o intentándolo. Quiero decir, algunos creemos que vivimos, cuando en realidad lo que hacemos es "sufrir la vida". Y creo que yo renuncié a sufrirla. Ok, no soy una sabia, sana y alegre persona, pero digamos que he madurado, y soy consciente que en el mundo estamos de ratico, y no, que flojera hacer eso un calvario.

Ahorita estudio. Me falta muchísimo por terminar, pero ahí voy. Las cosas con mi familia están bien. Las cosas con mis amigas; bien. He ampliado mi círculo social. Las cosas con los chicos: Mmmmm.... Bueno, este 14/02 la pasaré sola, otra vez. Habrá otros post donde hable de esto. Y las cosas conmigo, van bien, supongo. Es una guerra diaria. Hay batallas que gano, hay otras que pierdo.

Pero no importa si gano 2 y pierdo 4. Las que gano son las más grandes, y esas victorias valen la pena cada esfuerzo. Estoy mejor. Y porque estoy mejor, me gusta (?) releer los diarios que tenía, porque me recuerdan lo mal que estaba, lo infeliz que era. Y eso, de una forma u otra me da fuerzas, y reafirma mi convicción de no volver, de luchar, de seguir levantándome si caigo, de JAMÁS rendirme.

Chicas, vale la pena intentarlo. Vale la pena dejarlo, decir BASTA al maltrato, a la guerra contra nosotras mismas.

Un beso, las quiero mucho.



10/03/10

De verdad que esto es estúpido. No puedo estar putos 5 minutos sin pensar en la maldita comida. Hace una hora que desayuné, tal vez menos, y ya estoy pensando en la merienda que me auto impuse. Es ridículo, es asqueroso, y enfermizo. Quiero decir, ¿Quién piensa tanto en la comida, por Dios? ¡Ni los obesos! Pero claro, supongo que el hecho que me la niegue a veces basta como para que sea objeto de una fijación que roza lo repulsivo.

La merienda es a las 9am, y son las 7:30. Y yo estoy pensando en ella. En como el sabor dulce del azúcar de dieta se va deslizar garganta abajo y va a llenar un cuarto de mi estómago ulceroso. Me da asco pensar en lo mucho que como y en lo poco inteligente que soy. Quiero decir, si fuera inteligente, dejaría de comer. Quiero ser flaca, y es lo más lógico; la solución más obvia –y suicida-. Pero no. No yo. Yo tengo que negarme la comida, comer poco por tres días, luego atracarme y vomitar 5 veces en un día, comer mucha azúcar y vomitar, comer mucha harina cruda y vomitar, comer cualquier estupidez y vomitar. O simplemente comer y no vomitar. ¿Por qué? Porque soy bulímica. Y si soy bulímica es por algo… Algo falla en mí que no me deja no-comer como quiero. Y no es fuerza de voluntad… Porque si fuese por eso, no existieran chicas como yo.

Porque es así: la bulimia es el descontrol, el rendimiento ante los impulsos, cual animal. Se me antoja la bulimia asquerosa. Mala. Igual, nunca le vi linda cara como se la vi a la anorexia cuando me pude revolcar en su charco –que así de retorcida estoy que tengo los riñones de decir que le vi la cara linda a una enfermedad-. Porque dejar de comer te hace sentir fuerte, sobrehumana, en control, como si no tuvieses necesidades estúpidas que te hacen detenerte para satisfacerlas.

No señor, tú no. Porque tú no comes como la gente normal. Con 300 calorías está bien para poder caminar y pensar lo necesario.

Porque tu no pierdes tiempo en el comedor de la universidad, así no es de extrañar las calificaciones, y que llegues a tu casa durmiéndote.

-¿Es que no comes?- te preguntan.
-No me gusta la comida de aquí- mientes. Y si, mientes, porque con el hambre que llevas, hasta periódico guisado sabría bien.

No vas al baño en una semana entera, porque tú no comes. Tampoco sales al cine con tus amigas, porque ellas comen y se supone que tú no. Ni vas a casa de tu tía al mediodía porque ella te va a hacer comer.

Tener hambre y poder aguantarla, dominarla y someterla hasta el punto más oscuro de tu mente es algo que te hace sentir fuerte, y eufórica. Tienes hambre, pero la ignoras. Porque tú no comes, porque eres fuerte y no hay nada en el mundo que quieras más que ser flaca.

Pero la bulimia ni por asomo es así. Para mí es el remedio de la enfermedad. Y para mí, la enfermedad es comer compulsivamente. La enfermedad no es vomitar. Vomitar es el acto de contrición. Porque mierda, yo nunca quise rebajar vomitando, esa no era mi idea. Mi idea era no comer y ser flaca. Pero me pudo más el comer compulsivamente, y de algún modo tuve que redimirme ante semejante atrocidad.

Quizás la anorexia fue sólo un velo que tuvo el verdadero monstruo. El verdadero monstruo estaba abajo, y no lo vi venir.

Y es idiota, porque pensé que podía controlarlo desde el primer día que me salté una comida y le mentí a mis padres. Pero no, no se puede.

Por eso me hincha ahora las pelotas que me digan princesa. Porque no soy ninguna princesa, nunca lo fui. Más bien soy la sirvienta, la esclava de mis propios impulsos autodestructivos.

Como dije, es estúpido.

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22/05/2010

Estoy escribiendo esto cuando debería estar estudiando. Pero soy así: da la casualidad que cuando tengo más que estudiar, me pongo creativa y me provoca pintar, escribir poemas, hacer historias…

Escenas de Bulimia, parte I.

Escena 1.

Casa de una tía, 7 pm.

Primero, camino a su casa, paso por la panadería o el súper, y en el bus me como todo con un refresco. Y no compro pocas cosas. Tomo el tiempo a partir del último bocado (no pueden pasar 30 minutos antes de vomitar todo).

Llego a su casa, saludo, hablo cronometrando el tiempo, de tal modo que no pasen los 30 minutos. Pido permiso para ir al baño, y vomito todo. No duro ahí más de 15 minutos y dejo todo limpio y reluciente. Hace años no hago ruido de arcadas o toses y me maquillo un poco antes de salir de nuevo, mientras que mis ojos recuperan su natural color blanco. Salgo como si nada, incluso tengo el descaro de hacer como si me estoy abrochando el pantalón.

Me tomo dos vasos de agua, ayudo a preparar la cena. Cenamos todos, me río, hablo, como normal, me disuaden a coma más, y lo hago gustosa y asqueada al mismo tiempo. Ignoro la voz en mi cabeza que me llama “Cerda, vaca, asquerosa, GORDA IMUNDA” Y le hago caso a la otra voz que me dice que coma todo lo quiera, porque al final podré meterme los dedos y echarlo todo afuera. Terminamos de comer, yo siempre de última porque mastico todo muy bien y tomo mucha agua entre bocados. Ayudo a acomodar la mesa y a lavar los trastes, y luego pido permiso para ir al baño y bañarme. Vomito todo, me baño y salgo sonriendo, con la garganta ardiéndome y el estómago vacío.


Escena 2.

Universidad, 12 am.

No hay comedor porque se ha ido la electricidad, y mis compañeros se ponen de acuerdo para ir a almorzar a McDonald’s. Yo digo que me quedo en la biblioteca a estudiar, pero me disuaden, y al final acepto. De nuevo, la voz de la mujer enfermizamente delgada me grita al oído lo poca cosa que soy por aceptar, una vez más, comer.

Llegamos, el tipo del mostrador –que sonríe y yo no sé por qué- me dice que no hay ensalada. Echo todo a la mierda y pido una ¼ de libra con queso. Cuando estamos sentados, le quito la carne y se la doy a mi amiga de al lado. Pongo las papitas del otro lado de la cajita de la hamburguesa y les echo Ketchup. Me como una por una, y pido perdón a mi cuerpo por la atrocidad que estoy haciendo. Perdón por comer, perdón porque voy a engordar. Tomo agua entre bocado mientras miro con algo que ralla entre la envidia y el asco a mi compañera la gorda comer con tanto gusto. Cuando todos ya han terminado, yo apenas voy comenzando mi hamburguesa. Pido un helado de arequipe antes de irme.

De regreso a la universidad, comparto mi helado con mi compañera la gorda y no entiendo como se ha permitido llegar hasta ese punto. Luego me entero que tiene novio. Ella, que pesa unos 30 kilos más que yo es capaz de permitirse tener novio y yo no. No lo digo de forma despectiva, ojo. Sólo que me sorprende que yo sea tan insegura que no permita que nadie que me quiera se me acerque por miedo a que repudien mi figura. Yo, que ni sobrepeso tengo.

Compro un chocolate grande en la universidad y me lo como en clases de embriología. 5 minutos después, voy al baño del segundo piso, me meto en el retrete, me agarro el cabello, abro la tapa del WC con el pie, paso una toalla húmeda por el borde, me humedezco la mano derecha y procedo a vomitar todo.

Salgo con el corazón a millón, rogando que nadie entre, me lavo la cara, las manos, me echo crema perfumada, me maquillo y entro como si nada a clases.

Es la primera vez que vomito en la universidad.


Escena 3.

Universidad, 2 pm.

Le digo al chico que me gusta (al que he empezado a tratar recientemente) para irnos juntos hasta nuestras respectivas casas, porque agarramos el mismo bus. Él me dice que ok, pero que lo espere un momento en la biblioteca porque tiene que hablar con unos compañeros acerca de un seminario. Entro con él a la biblioteca y lo espero. Pasan 10, 20, 30 minutos… Y nada. No le veo por ahí; se ha ido y no me ha dicho nada.

Molesta, dolida, y odiándome, salgo con ganas de llorar de la biblioteca. Digo, ¿Tan desagradable soy que ni siquiera puede decirme que se va solo? ¿Tan abominable soy que es insoportable estar cerca de mi? ¿Por qué siempre me quedo conmigo misma entre mis manos tendidas, esperando a que quien me guste se tome el decoro de al menos echarle un vistazo a lo que le ofrezco, antes de rechazarlo? ODIO ESO. Odio eso, me odio a mí. ¿Por qué no nací bonita, o muy inteligente, o al menos siendo conforme con quien soy?

De camino a la parada del bus, echo unas lágrimas. Me las limpio con rabia; por tonta, por idiota. Me veo en los espejos de un edificio, y me da asco. Asco y vergüenza. No entiendo por qué los carros me pitan al pasar a mi lado, o porqué los hombres dentro de estos me gritan piropos, si lo que doy es asco. Nadie me va a querer, nadie me va a aceptar. Soy gorda, doy asco y soy insoportable.

Tomo el bus, me bajo en la farmacia y agarro unas galletas de chocolate, un chocolate grande, unos Doritos, un refresco. No pasa la tarjeta de débito (cosa que no entiendo porque me depositaron hace nada). Me voy de ahí y cojo otro autobús hasta mi residencia deseando sentir algo dulce bajar por mi garganta, o al menos tener un novio al que no le de asco tocarme o besarme… O al menos alguien que me abrace, y me diga que soy bonita y que no doy ganas de vomitar.

Me bajo una parada después de mi residencia y entro en el supermercado. Agarro unas galletas oreo, unos platanitos fritos, y un refresco. Al llegar a mi habitación me lo como todo mientras leo una novela, y antes de los 30 minutos lo vomito todo en una bolsa porque no hay agua en las tuberías. Lloro un poco más, me siento sola y horrible. Me quedo dormida.


Escena 4

Casa de mi tía C, 1 pm.

Acabamos de almorzar, y ellos, los viejitos, se van a dormir. Porque según ella, ya cuando estás tan viejo, el cuerpo necesita descansar más. Y por eso, desde la 1 pm que es a la hora en que se acuestan, hasta las 4 más o menos, me quedo yo sola en la casa. Sola, porque ellos no bajan más sino hasta que se despiertan. Y para más horror, el cuarto donde yo me quedo ahí queda a cinco pasos de la cocina. ¿Ya sabes lo que pasa luego? Si, claro, mi amiga Mía entra recién subido el telón.

Y no, no le importa que esa casa no sea suya. No, tampoco le importa que la comida no sea suya, ni las galletas de chocolate, ni las de miel, ni el pan, ni el azúcar, ni la leche. A ella no, pero a mí si. Y me siento luego como una cochina ladrona, saqueando la despensa de dos ancianos. Ellos no se imaginan que la niña dulce, estudiosa y colaboradora que dejan dormir en su casa es un monstruo de la comida. No se imagina mi pobre tía C que vomito las comidas que con tanto cariño me prepara, o que le miento cuando no quiero comer diciéndole que ya lo hice en la universidad, o que los ojos hinchados no son por el trasnocho; sino por las lágrimas propias del esfuerzo al arrojar… Ni que mientras ellos sueñan plácidamente, yo vomito hasta el alma en el baño de su casa.

Es asqueroso, vergonzoso, abominable –como toda yo-. Y sin embargo… No puedo dejar de ir. No puedo dejar de ir a comer, exactamente. Se que ellos siempre me recibirán con toda la confianza del mundo, con los brazos abiertos. Y sé que siempre me dejarán durmiendo en el cuarto de abajo, ese que queda a cinco pasos de la cocina.

jueves, 7 de abril de 2011

Entre dos

Quizás si escribo menos porque lo necesito menos, como dijo mi querida Nel. Ojala ustedes la hayan pasado bien. Yo… yo le tomé la palabra a mi querida amiga, e intenté vivirlo y no sobrevivirlo. Quitando lo de la comida, estoy bien. Creo que como mucho, eso sí. Y cuando digo mucho, es normal. Es que ya me he acostumbrado a comer un poco menos (algunos piensan que mucho, y yo pienso que ellos no tienen idea de qué es comer “poco”) de lo que comen las personas promedio.

Como dije antes: Nunca, nunca volveré a comer normal. Y no lo digo con ese tono de suspenso o tristeza, lo digo normal. Como quien tiene la certeza que lo hace por su bien. Si como cómo comen, por ejemplo, mis amigas, es mucho para mi estómago. Me sentiría llenísima y lo que evito a toda costa es tener el estómago hinchado. ODIO, en serio, ODIO sentirme tan llena. Esos nervios, eso inconsciente de buscar un baño cercano, el sudor, las palpitaciones… Ya me pasa cada vez un poco menos como me pasa a veces con frecuencia (ahora eso es gris, todo a medias), pero igual, no puedo bajar la guardia. Sobretodo porque después de 6 meses sin vomitar, lo hice otra vez. Luego que me juré que no lo haría, lo hice.

Y fue algo sumamente estúpido. Tenía que cenar un sándwich ligero de queso y no me comí sólo uno, sino tres. Comparado con mis atracones de antaño, esto sólo sería la entrada. Pero me sentó mal; empezó a subirme a la garganta… Creo que también tiene que ver el hecho de que esa noche saldría con mis amigas a bailar. Y detesto salir de mi casa con el estómago lleno. No, ya va, no lo detesto: NO PUEDO HACERLO. Así de sencillo y ridículo. No puedo salir de mi casa con la barriga llena. Si como y me siento llena, no salgo. Si estoy en la calle y tengo que comer, como poco para no sentirme llena (y una vaca). Como sea, esos tres sándwiches de pan integral con queso de dieta fueron demasiado y… No me lo aguanté. Me tumbé de estómago, me tomé un digestivo. No funcionó, y no podía salir así, y no soportaba esa sensación asquerosa de estar tan llena. Fue sin pensarlo: fui al baño y lo vomité todo. Además que ese día creo que tampoco había almorzado (cosa rara, porque estoy almorzando), así que fue horrible. En ese momento.

Mentiría con decir que no me sentí bien luego de eso. Fue la descarga de meses queriendo hacerlo, sobretodo en navidad. Me sentí… ligera. Casi me río del alivio, que loca. Luego sí me sentí culpable.

Después de eso, ya hace un mes, no lo he hecho de nuevo, pero he estado a nada de hacerlo. Me he atracado en varias ocasiones, en porciones que se considerarían una burla de atracón, pero por el simple hecho de no estar entre mi organizado plan de comidas, ya es una falla que me caga el día. He estado en el baño, con el estómago lleno, pensando que ya una vez rota LA promesa, ¿qué importa que lo haga de nuevo?

Pero sí importa. Sí me importa. Y he aquí la diferencia de estar como estoy ahorita a estar como estaba hace 8 meses.

De verdad, me da escalofríos pensar en lo mal que estaba, y en lo estúpida que era como para no verlo. Mi epifanía: SI estaba enferma. ¡Tantán! Y si estaba delgada (aquí es donde suena la música celestial y me cae un montón de luz sobre el cuerpo… Mal chiste).

Creo que una de las mejores cosas que he hecho en mi vida ha sido dejar de vomitar. En serio. Es bueno el sentimiento de estar mejor, de no sentirte la mierda en pasta, de sentirte un poquito valiosa. De sentir que eres alguien que merece una vida mejor, que sea como sea, tienes derecho a estar bien, y que tienes esperanzas de ser feliz; que puedes ser feliz. O como mínimo, estar mejor de lo que estas ahora ya.

Sí, me deprimo a ratos, me vuelvo oscura por horas, me desconozco por días… Pero ahora SIEMPRE tengo la certeza de que de nuevo estaré mejor, que todo pasará………….

EW, soné como Maytte, o dr Phill.


No sé que decirles para hacer algo. Leo que muchas siguen en lo mismo… y si, soy responsable de mi misma, pero duele ver que muchas están en el puto pozo donde yo estuve una vez, y al que jamás regresaría si por arte de magia pudiese escribir mi futuro (eso sonó a justificación de recaída, lo sé).

Estar bien, simplemente no valen todos los kilos del mundo. O sea, no les voy a decir “Hey, coman de todo y engorden porque los gordos son felices!” Porque es mentira. Yo aún no me lo creo. Sí he conocido personas que son muy gordas y son felices… Pero una de ellas se la pasa buscando formas de rebajar, así que no lo tomo en serio. Ningunos de los extremos son buenos, y ya. No hay gordos totalmente felices, y seamos honestas, nosotras tampoco lo somos.

¿De qué sirve ser flaca y estar vuelta mierda por dentro?

¡Ah, ya sé! Ahora sí piensan que eres linda (digo “piensan” por los demás, por tú no piensas que eres linda). Pura mierda. ¿Por qué no te vieron antes, Cuando tenías 15 kilos más pero eras menos infeliz de lo que eres ahora? No me la trago, ya no. Si te quieren, te quieren como estabas, como estás, como sea, en la forma que sea. Y punto.

No dejen que NADIE les diga como ser, no dejen que nadie les haga sentir como no quieren sentirse. El que les diga gorda, mándelos a comer mierda. Nadie tiene derecho a joderte (excepto tú misma, y nosotras somos, por desgracia, expertas en eso ¿no?)

No quería que esto pareciera algo de autoayuda, porque ODIO con todas mis fuerzas ese estilo de libros (suficiente tuve con los dos de bulimia y anorexia que me regaló mi mamá -de verdad ella creyó que eso era un regalo? Por qué coño no habló conmigo mejor?-, el de sanación mental, o algo así, que nunca leí que me regaló un tío… Mi mamá lo leyó y me puso a leer expresamente una página y media que decía que enfermedades como la anorexia y la bulimia son simples ganas de no vivir… Paciencia, por favor. Quien coño dijo eso? Ok, en parte puede ser… Pero no es solo eso. JAMÁS es sólo eso. O al menos en mi caso. Yo no dije “Me quiero morir! bulimia, ven a mí… En fin…).

Decía que no quería que esto pareciera algo de autoayuda, pero lo parece.

Aunque no me quejo si esto hace sentir mejor a alguien aparte de a mí misma.

Y yo… Yo sigo en la línea difusa entre la salud y la enfermedad. La libertad y la obsesión. Hay conductas que simplemente tienes tan, pero tan enterradas en el cerebro y la piel que dejarlas es… Como dejarte a ti. Es como si de pronto me quedara sin mi hábito de leer, en serio así lo siento. Y aunque he dejado de vomitar, hay mañas que no se van.

He dado un paso enorme, es cierto, y ha mejorado infinitamente mi calidad de vida (este post se llamará lo ilustrativo de ser sano, jaja. not funny)… Pero hay veces que sólo quiero… Sólo quiero regresar. Porque ser bulímica (aparte de querer ser doctora) era la única cosa que tenía clara en la vida, aunque fuera malo. Y vomitar, por desgracia, era una de las únicas cosas que me salía perfecto.

Pero no se puede tener todo en la vida, y tengo que dejarlo. Y dejar esas conductas que me torturan, y callar la voz que me dice que soy débil, que no sirvo, que por ser gorda nadie me va a querer.

Porque estar sano representa un reto mayor que seguir enferma para mí.

Porque si.

Porque ya es hora de dejar de matarme.



Mierda, que post tan largo! Así que las dejo.

Las quiero. No olviden que son especiales para mi….

Nirka, Nel, Rossie (si aún estás por ahí, te quiero mucho!), Paola, Gabyposa (te extrañé), Little Princesa, Belle (mi querida pesecilla), Santika (gracias x las pocas charlas nena!), Cristal (preciosa, te quiero muchíiiiismo.. Y otras que se me escapan.

Y creo que a partir de ahora, lo que publicaré serán archivos que tenía guardados. Sí son de mi época de vomitadora… Pero… no sé, dejarlos guardados me pica, me arde, como cuando te pica y te arde una roseta que algún bicho te ha dejado. Sacarlos y borrarlos de la pc me gustará.

Las quiero. Gracias a todas por su apoyo. No saben lo lindo que se siente saber que te entienden y que te estiman. Un beso.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz navidad!!, En serio chicas, FELIZ Navidad!

Y no es que sea la mar de la felicidad yo en estos momentos... No sé ni que contar de mi vida sin aburrirlas.

1. Ya son 4 meses sin vomitar. Y ahorita que estoy en mi casa, y la comida abunda, es extraño no hacerlo. El olor a Glade Toque de mi baño me recuerda las cientos de veces que me incliné sobre el váter para deshacerme de la comida.

Ahora es que me vengo dando cuenta de dos cosas:
1.a: SI estaba delgada. La gente me ve, y no pueden dejar de notar lo obvio: he subido de peso. Si, mierda, ya dejen de recordarmelo!
2.b: SI parecía enferma. Porque a pesar que estoy más "rellenita" la gente lo encuentra más bonito. La mayoría lo que me dice es que me veo más bonita. Yo me veo igual, pero más gorda.

2. Ya mañana en nochebuena. La primera en 4 años en la que no vomitaré. Mmmmm... Ni quiero pensar en la cena, ni voy a pensar en la cena.

3. De verdad, no dejo de pensar en si se me notarían los huesos más, como se me verían las piernas y que tanto se me marcarían las clavículas. ¿Cómo era posible que no lo viera?

4. Estaré retrocediendo por pensar estas cosas? No lo sé, hoy no me interesa. Me he engordado, me han engordado, estoy comiendo, tomen lo que querían.

5. Llevó 4 días con hoy laxandome. Emmmm.... No lo pude evitar. Gran retroceso en el tratamiento, si. Pero sentía que debía liberarme de alguna forma, y vomitar ciertamente ya no es una opción. Cuando se me acabe la caja de dulcolax lo dejo.

6. Los chicos: MAL. M, jodiendome la vida. Cuando siento que lo olvidñe, bum! Aparece. Hay otros si, pero ninguno como él.

7. Familia? Bien, mis papás no están peleados; cosa maravillosa. Mi hermana bien. El perro bien. Los estudios? Regular - Bien.


y ya. Las quiero! Niñas, intenten pasarla bien hoy-mañana.... ¿Quien sabe si el próximo año estaremos aquí para celebrar otra noche buena? Quiéranse y cuídense. Nadie lo hará por ustedes. Y vivan, no se limiten a sobrevivir.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Otra vez me fui, cierto. Otra vez, lo necesitaba.
Han pasado cosas que me han hecho poner mas... Seria? madura?

Hace 3 meses que no vomito NADA. He dejado de vomitar por completo. Me juré que no lo haría y no lo he hecho. Y no puedo negar que me siento infinitamente mejor. Y si, lo extraño a veces, pero no lo necesito más.

Me quedó una materia, y aunque estoy retrasada, ahí voy.

Estuve, hace 2 meses en otra ciudad haciendo una materia. La materia me quedó, pero yo fui libre. Hice mil desarreglos con la comida, aunque no vomité nunca. Sin embargo, a pesar que hice dieta y dejaba de comer, engordaba.

Y claro, algo estaba MUY MUY MAL. Fui a la nutricionista. Le conté TODO. Ella me felicitó por haber dejado de vomitar y me mandó a hacer miles de exámenes. Me pesó y casi vomito ahí. JAMAS EN MI PUTA VIDA HABÍA PESADO TANTO, POR DIOS!!! No voy a decir el número porque es demasiado vergonzoso... Pero, si, tuve sobrepeso.

Luego de hacerme los exámenes, fui de nuevo al doctor. ¿Diagnóstico?
.Trastorno metabólico.
.Un nódulo en la tiroides.
.Hiperinsulinismo.

La doctora me dijo que estaba a nada de la diabetes. Le pregunté que si todos los años vomitando y ayunando y comiendo compulsivamente habían tenido que ver. Una pregunta estúpida porque yo sé que si, que eso fue lo que ocasionó todo.

Me sentí estúpida. Pensé que saldría ilesa, pero no fue así. Casi lloré. Ahora mi habrían repercusiones. Mi mamá no me dijo nada casi por una hora. Luego me dijo que tenia que cuidarme, que eso era la respuesta de mi cuerpo luego de tanto maltrato, que me cuidara. Y hasta me dijo que me regresara a casa de mis padres para que ella pudiera cuidarme mejor.

La doctora me dijo que ahora mi cuerpo asimilaría más rápido las grasas, que tendría que cuidar mi alimentación, que no ayunara, que menos vomitara, que no me preocupara que con tratamientos y una buena dieta ni pasaría nada.

Desde hace un mes y pico estoy a dieta estricta. Y he bajado, claro. Me siento mejor, a veces extraño no comer... Pero tengo que ser fuerte... Y comer lo necesario. Es extraño hacer 3 comidas al día... A veces pienso ¿por qué comer si estoy gorda? No merezco comer, estoy gorda... Pero luego lo quito de mi cabeza. Es comer y cuidarme, o una diabetes segura, u otro trastorno metabolico que empeore todo.

Así que ahora tomo pastillas y me alimento. no he dejado de fumar, de hecho lo hago más... Pero vamos, dejo un mal habito por vez!

Creo que esto es algo definitivo. Esto es un balde de agua fría que me ha hecho sentarme de culo. ¿Que mierda hice? ¿Para qué? No valió la pena dañarme para estar flaca. Nunca lo hizo.

Así que ya no más... Es extraño tratar de sacar de mi todos estos habitos, creencias y demás... Pero lo intento.

A ratos me siento perdida, descolocada. Hay veces en que estoy comiendo y me paro, preguntándome "Que mierda hago?". Luego recuerdo que me lo prometí, que se lo prometí a mis papás. Que fue suficiente 5 años de enfermedad. Así que ahora no esperen en sus blogs comentarios míos animándolas a seguir dietas absurdas, o felicitándolas por ayunos. Ya no soy eso.

Y se que el blog está pronto a cerrar. No me hace bien leer cosas así. Además que ¿Para que mentir? Me cansé de leer a otras que estuvieron igual que yo: con la comida y la delgadez como centro de su universo.

No quiero convertir esto en un diario de recuperación, me siento hipócrita haciéndolo cuando aun pienso en perder peso, cuando me importa tanto y no debería... Pero tampoco quiero seguir hablando de algo que me hace daño como si fuera algo digno de celebrar, y sonreír.

Y nada más que agregar... Estoy leyendo mucho. Ahorita la facultad está de paro. Nada de novios. Tengo un grupo de amigas maravilloso... Y ahí voy. Sobreviviré.

Las quiero, en serio. gracias por estar ahí, gracias por los ánimos y palabras. Nunca jamás pagaré mi deuda con ustedes. Estuvieron ahí y me levantaron incontables veces... Y eso para mi es inmenso! Cuídense chicas! Quizás a algunas no les guste el cambio, pero no hay opción, no hay nada que hacer.

Un abrazo a todas.

jueves, 28 de octubre de 2010

Help, i'm alive.

Cuanto tiempo sin escribir! Cuanto... 4 meses? Creo que ha sido el tiempo más largo sin actualizar desde que abrí el blog, en el 2008.

Como sea, las extrañe. Aunque no me crean. Pero necesitaba un tiempo de sanidad. Alejarme un poco de esto.

Y esta en si no va a ser LA entrada que quería porque es desde el cel y es fastidiosisimo escribir por aquí. Así que mi otra entrada, y la pasada por sus blogs será para dentro de unos días porq no tengo internet.

Y nada. Las quiero chicas! Y necesito que porfa, la señorita santika me invite a tu blog. Santika, nena, mi correo es princessmina_50@hotmail.com. Invitame a tu blog! Por fa!

Saludos a las que me comentaron en el último post. Son muchas cosas para contar y en este post no será.

Cristal, Patri S, Nella, N. Niño, Rossie, Belle, Miinii, meenag, santika, Gaby (apareciste, te extrañe!).. Gracias chicas! Las quiero. Se me escapan varias, pero voy rápido.

Y nel, isidra, santika, Gaby. Agregenme a su msn! Mr urge hablar con uds.

Cuidense! Las quiero!